Durante muchas semanas nos hemos llegado incluso a cansar del discurso de Renault y de buena parte de los especialistas en Fórmula1. Las cosas pintaban bien, muy bien, y Fernando Alonso estaba en disposición de competir con los más grandes. De hecho ha habido algún momento en el que los más grandes estaban en disposición de competir contra él.
Tan profundo y constante ha sido el elogio al nuevo Renault, a la evolución del monoplaza, a su diseño, a su ergonomía, a su aerodinámica, a la junta de la trócola, que al final, como en el cuento de la lechera, el cántaro se ha ido al suelo a las primeras de cambio.
¿Realmente Renault está en condiciones de luchar por el mundial? A primera vista parece que no. A primera vista, y después de los primeros trabajos en Albert Park, la cosechadora del curso pasado logró más o menos los mismos resultados.
No ha pasado Alonso del décimo puesto (en la primera sesión de trabajo) para tras ser duodécimo en la segunda y decimoséptimo en la sesión del sábado, acabar (por tiempos) el duodécimo en la calificación (saldrá décimo tras la eliminación de Toyota).
Ha dicho Alonso que hay que mejorar. Bueno, al menos tiene criterio. Parece ser que algo ha fallado en los planes de Renault. O los demás eran muy malos hasta el jueves, o ellos se creían muy buenos.
Foto | Fórmula 1



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