
Tras el experimento de los Países Bajos que tantas bajas costó a los ejércitos de los Habsburgo en su día, y tantos espectadores españoles en la actualidad, la Vuelta a España comienza sin dilación y abruptamente.
En esta semana se decidirá el ganador de la ronda, aunque ciertamente he de admitir que es justo plantear que algún resquicio de espectáculo se divisa en Morcuera y Navacerrada. Recapitulemos la carrera: es una Vuelta de semana y media.
El espectador “agradecerá” el sacrificio de la primera semana y la temida Vuelta Ciclista a La Mancha, por esta segunda. El punto de inicio será el Gran Premio de Valencia, en una crono no excesivamente larga de 30 kilómetros que circulará enteramente por el circuito de Fórmula 1. ¿Por qué queda esto tan espectacular con los deportes de motor, y tan cutre con bicicletas?
Será por eso que gustan tanto las etapas en cotas superiores a los 2000 metros, la bicicleta en España jamás pareció adaptarse a la ciudad, y menos a sus circuitos de velocidad. Se aceptan fotos de carriles bicis esperpénticos (que hay muchos) para una fotogalería.

No nos apuremos porque de golpe nos llegan 6+2 etapas de montaña en un experimento único en una gran vuelta , durante las que disfrutaremos como enanos (y aquí sin ironía). Solo espero que los conservadores no se lancen a propugnar que todavía queda espacio para el demarraje, y que los nerviosos de pelotón se extenúen al segundo día.
A partir de mañana lo comprobaremos con nuestro medidor de espectáculo.


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