El InterMovistar ya está en Ekaterimburgo en donde quiere olvidar, de una vez por todas, sus últimos tropiezos en la competición doméstica. Olvidarlos porque, probablemente, si los ha tenido ha sido por reservar fuerzas para convertirse en el equipo continental más laureado. Su objetivo, como no, la Copa de Fútbol Sala de la UEFA.
Campeón en 2004 y 2006, los de Juanlu Alonso parten como los grandes favoritos para alzarse con el título, pero lo quieren hacer desde la modestia. Nada de superioridad, nada de subestimar a los rivales. Sólo concentración y capacidad de sacrificio, los dos elementos fundamentales para triunfar.
Pese a gozar de una de las plantillas más fuertes (sino la más fuerte) del panorama continental, el discurso de Alonso, como procede, es el de la mesura y, en parte, el del traslado de la presión a los kazajos del Kairat Almaty, su primer rival en la ronda de semifinales. El problema para los verdes es que, después del bajón liguero, están más obligados que nunca a, por lo menos, meterse en la final. Un fallo en el partido ante los kazajos sería un fracaso en toda regla que pondría en entredicho su papel en las últimas jornadas de la LNFS.
Además las lesiones juegan en contra del bloque verde. Marquinho no podrá ser de la partida, y Vinicius Bacaro llegará con las fuerzas justas tras su reciente lesión de rodilla. Dos piedras en el camino de los madrileños que deberán superar para alcanzar una final en la que le esperará el anfitrión del torneo, el Ekaterinburg, o el Dinamo de Moscú.
Foto | UEFA



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