
Sanciones perpetuas, no volver a montarse en una bicicleta en competición oficial: ese es el sentimiento común que aúna no solo a los aficionados italianos, sino también a los mismos profesionales en la lucha contra el dopaje.
“El ciclismo está podrido” es una de las frases típicas que muchos pronuncian después de la aparición de un nuevo caso de dopaje. Sin embargo, en los últimos 4 años, según se han ido sucediendo los escándalos, los castigos se han intensificado del mismo modo. El aficionado menos conocedor es siempre escéptico, pero lo cierto es que una base optimista comienza a crearse en el ciclismo para las próximas temporadas, e Italia quiere ser pionera.
La misma asociación de ciclista profesionales ha pedido a la UCI la perpetuidad de las sanciones, y el diario “La Gazzetta”, principal organizador del Giro de Italia, no ha tardado en organizar una encuesta entre sus lectores que se ha saldado con un contundente 81 por ciento a favor de la retirada de la profesionalidad.
¿Es este el camino para erradicar la lacra ciclista? Pues sí, y no. El dopaje, de una forma u otra, siempre existirá. El adecuado endurecimiento de las sanciones ha probado ser eficaz, pues, aunque parezca lo contrario, el número de positivos se ha reducido, y sobre todo, hemos asistido a un curioso fenómeno. Hemos observado como muchos que se prometían futuras figuras han desaparecido, o sido protagonistas de grandes pájaras.
Los tramposos como Riccò o Sella, son descubiertos a los pocos meses, y eso ya es un avance con respecto a la época en que nadie se enteraba que el campeón danés del Tour y su compañero alemán líder la de regularidad y varias etapas se habían dopado. Sigamos así.
Vía y Foto | AS


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