Si algo tiene de bueno la Copa del Rey, partiendo de que existe prácticamente unanimidad entre la afición de que el formato es incorrecto y todo un regalo para los grandes, es que todos los años deja lo que podríamos decir héroes de una noche.
Albert Crusat hizo el gol del Gramanet ante el Barcelona en 2004, Madrigal en 2002 y con un hat-trick tumbó al equipo de Van Gaal, e Israel y Cidoncha, en 2000, forzaron la caída del Real Madrid en el Salto del Caballo ante el Toledo.
El último de estos héroes de una noche fue Jorge Molina. Con 24 años el delantero alicantino ha asaltado las portadas de la prensa deportiva nacional. Él sólo, en poco menos de una hora, le hizo un hat-trick al Villarreal, uno de los equipos más en forma de primero, al que le tocó ser la víctima del primer petardazo copero.
Dicen que es un nueve nato, rematador y valiente en el choque. Sus mayores éxitos en esto del fútbol los había conseguido cerca de casa, en Benidorm, donde, con Juli (compañero ahora en El Ejido), formó una dupla mortífera.
Es uno de esos obreros del fútbol. Un trotamundos que ha conseguido hacerse un hueco en Segunda B y es una de las opciones que cualquier equipo con pretensiones trata de cerrar. Ese camino de espinas que en muchas ocasiones es la categoría de bronce del fútbol nacional le ha hecho pasar por el Alcoyano, el Benidorm (en dos ocasiones) y el Gandía antes de llegar al Poli Ejido el pasado verano.
Su batalla, más allá de la Copa, se centrará ahora en la liga regular. No es fácil ascender a Segunda, objetivo del Poli Ejido. Las cosas, de momento, van bien. Es segundo a cuatro puntos del Cádiz y con seis puntos de ventaja sobre el quinto puesto. Un buen inicio de temporada en el que ya suma cinco goles con los que busca dar el salto de nivel y asentarse en Segunda división.
Foto | As


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