Si algo bueno tiene el fútbol, es que sólo hacen falta 90 minutos para que lo que rozaba la tragedia se convierta en anécdota y la perfección exhibida durante muchos partidos comience a oler a crisis. Cara y cruz, cal y arena, blanco y negro. Así, una y otra vez. Así, hasta la última jornada. Y para eso ha servido precisamente la novena jornada de la Liga BBVA: el Barcelona pinchó en Pamplona y el Madrid derrotó al Getafe en un ejercicio de voluntarismo y garra: la crisis toma el puente aéreo.
Partiendo de que ni el Madrid está o ha estado en crisis y de que el tropiezo en Pamplona del Barcelona no será sino una anécdota en el camino culé (igual de anecdótica que el empate en Gijón de los blancos), la jornada sí que ha servido para que la Liga gane en emoción y para que las cosas se compriman un poco más. Mejor para el espectáculo.
Lo del Madrid fue la confirmación de que quizá ni es tan galáctico como muchos habían apuntado, ni es tan malo como los más críticos querían hacer ver. El Madrid es un auténtico equipazo capaz de capear el peor temporal en las peores circunstancias: en inferioridad, con una grada suspicaz, sin CR9… Eso es lo que pasó ante el Getafe y la casta que hace unos días no viajó a Alcorcón, salió a relucir ante los madrileños del sur.
Sólo hizo falta que el árbitro pinchara a los blancos con la expulsión de Albiol, para que el bloque blanco ganara en todo. Eso y Higuaín, que volvió a gritar que quiere un hueco en el once de Pellegrini con dos goles.
En Pamplona el Barcelona no fue el mejor de los últimos tiempos y lo acabó pagando cuando menos lo esperaba. No hubo brillo, pero hubo ocasiones de gol suficientes para sentenciar, un concepto del que, en ocasiones, se olvida el Barcelona a fin de prolongar su filosofía sobre el césped. Y Osasuna lo supo aprovechar. Un equipo aguerrido y entregado al sufrimiento como el navarro no dejó de porfiar hasta el 90. El premio llegó de las botas de Piqué que acabó enviando un centro de Camuñas al fondo de la meta de Valdés y con la tan llevada ‘crisis’ de camino a Barajas.
Y si al pinchazo culé y a la victoria blanca les sumamos el triunfo del Sevilla ante el Xerez y los tres sufridos y trabajados puntos que el Valencia se llevó de La Rosaleda, el resultado no es otro que cuatro equipos en cinco puntos.
Foto |El País


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