
El más amargo de los sabores se nos queda después de ver el mayor espectáculo ciclista del año, la París-Roubaix. Sí, hubo caídas, espectáculo y emoción, pero la espina de Juan Antonio Flecha se nos clavó un poco más.
Es la historia de un ciclista que tiene el adoquín en las piernas, pero que no termina de rematar. Y por otro lado, aquel que ya es la historia, y que amenaza con mantener su reinado durante muchos años: Tom Boonen.
Porque a pesar de que atacó hasta la extenuación, quiso, junto a Haussler y Quinziato dejar a los grandes gallos con la boca abierta a 60 kilómetros para el final, y demostró tener la garra del héroe del adoquín, incluso con su nada despreciable sexto puesto, a estas alturas de su carrera no puede fallar así.
En el punto álgido de la carrera, y en un grupo de mulas sprinters en el que sabes que la única opción de victoria es la gesta de llegar en solitario, y más aun siendo Juan Antonio Flecha, nacido para el pavé, no puedes hacerle un regalo así a Tom Boonen.
Nadie supo ser rival para el nuevo león de Flandes. Ni los otros belgas, el eterno Hoste y Van Summeren (que perpetúan la maldición de Silence-Lotto) que fueron eliminados por el mismo Flecha, ni Filippo Pozzato, ni Thor Hushovd, cuya ansia le llevó a probar los adoquines, fueron rivales para Boonen.
Es el mejor, el más listo, y de paso el más guapo, y para colmo, tiene la suerte del campeón. Con su tercera victoria, Boonen amenaza el récord de cuatro victoria de Roger de Vlaeminck. Lo conseguirá.
Foto | Steep Hill



Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect