
Quién lo hubiera dicho que esta semifinal entre dos equipos como el Barcelona y el Valencia iba a ser tan dramática. Porque ya desde el inicio saltaban chispas en la base de estas dos grandes fallas, con el peligro constante de acabar achicharrándose. El Valencia porque sólo les queda la Copa del Rey para salvar una temporada negra; y el Barça porque su eliminación acrecentará los susurros sobre la ruptura del equipo de los 4 Fantásticos.
Y es que desde Barcelona se tiene la sensación que el conjunto que dirige Frank Rijkaard está tirando la Liga, regalándola a un Real Madrid insípido, opaco. Los azulgranas han llegado a las semifinales, pero se han quedado a las puertas de una final donde esperaba un Getafe que humilló al Barça en la pasada edición. Y en la Champions también se tiene esa sensación de que este Barça es demasiado débil como para noquear a un rival de mayor categoría que el Celtic o el Schalke.
En cambio, la final de la Copa al Valencia le da vida. Unos pálpitos que no se sabe cuánto durarán, pero que lo mantienen con respiración.
Ninguno de los dos merecía más que otro estar en esa final. Salvo por la tensión que ofrece siempre la Copa, la emoción de la eliminatoria, ni Barça ni Valencia hicieron méritos en los 180 minutos como para colocarse una clara etiqueta de finalista. El equipo ché dejó las cenizas de su rival todavía incandescentes, y de ellas resurgió el Ave Fénix Henry para darle vidilla al partido. Hasta que se cruzó de nuevo por el camino azulgrana el ex madridista Mata, que no dio casi tiempo al Valencia a lamentarse por el gol encajado. Después Eto’o maquilló el resultado (3-2), el Valencia aguantó el achuchón culé de última hora y la historia acabó.
Acabó bien para el Valencia y mal para el Barça. Pero como en cada cuento siempre quedan sonrisas y lágrimas. El Valencia viajará a Madrid (a priori, Estadio Vicente Calderón), y el Barça deberá quedarse en casa y asumir el próximo domingo el run-run de la parroquia azulgrana. Los valencianistas se acuestan diciéndole adiós a la crisis. Los azulgranas, adiós al triplete.
Foto | El Mundo


