La cuenta atrás para que el Barcelona alcance su particular cuadratura del círculo ha comenzado. Y ha comenzado como debe: con Guardiola hablando de las dificultades que presentará el Atlante mexicano. Vale que es el discurso que tiene que defender el técnico catalán, pero todo lo que no sea clasificarse para la final (incluso ganarla) será un rotundo fracaso. Más que cualquier otro.
¿Cuándo un equipo volverá a tener a su alcance la posibilidad de ganar todos los títulos de una temporada? Probablemente dentro de mucho. Quizá nunca, quién sabe. Lo cierto es que el equipo de Guardiola ya se ha convertido en el mejor equipo de la historia. Nadie ha sido capaz de lograr semejante hazaña y ha llegado la hora de elevar el listón unos centímetros más.
Para empezar, y aunque Guardiola no quiera pensar en la final, ya se conoce quién será el primer finalista: el Estudiantes de la Plata argentino, que derrotó, no sin apuros, al Pohang Steelers surcoreano. Medirse al bloque argentino es lo mínimo a lo que debe aspirar Guardiola, por muy timorato que se quiera mostrar. Otro discurso sería mentira.
Con Santiago Solari como gran estrella del conjunto mexicano, Guardiola hará bien si apuesta por la prudencia y deja a Messi en el banquillo. No hace falta la magia del balón de oro para acabar con los norteamericanos y merece la pena reservarlo para una final obligatoria en la que, además, los argentinos aprenderán a apreciar el fútbol de Leo Messi, tan criticado cuando se acerca a Maradona como tan elogiado cuando está con Guardiola.
Foto | El Mundo



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