Hay un refrán que habla tropiezos y piedras. Bien podría estar inspirado en el Atlético de Madrid y su reiterada obsesión de complicarse la vida en 60 segundos. En menos de 60 segundos para ser más exactos. Si. Efectivamente. Volvió a pasar.
Los derbis siempre son partidos locos. Una esquizofrenia colectiva invade a todos los que están en su radio de acción que parecen perder el norte en busca de la gloria. ¿A todos? No, al Real Madrid no. El Madrid parece ser inmune a esta euforia general.
Así comenzó el derbi y así acabó. El penalti de Heitinga en el tiempo extra fue algo así como la cuadratura del círculo. Lo que mal empieza, mal acaba. Y empezó mal, muy mal, para el Atleti. Y sigue siendo increíble. Encajar un gol en el primer minuto de juego, cuando hay precedentes y cuando hace unos días, ante el Barça, sucedió tres cuartos de lo mismo, merece el mayor de los castigos.
También merece semejante pena quien renuncia a su filosofía. Es como lo de Grouxo Marx. “Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”, decía el comediante; “estos son mis principios, y si eres el Madrid, tengo otros”, parece pensar Aguirre.
Porque ‘el vasco Aguirre’ también se equivocó. Renunció a las bandas, inventó una especie de cuatribote y condenó al Atleti a un sufrimiento máximo. Pese a todo, Clos Gómez, el que dicen que es árbitro, ayudó a que no se repitiera la humillación del Camp Nou anulando un gol legal a Van Nistelrooy, que ya había marcado a los 30 segundos, y frenando el mano a mano de Raúl.
Agüero, otra vez aunque forzado por la inspiración de Aguirre, volvía a estar abandonado a su suerte y sin capacidad de hacer nada. Sólo cuando entró Simao para rehacer el roto de la expulsión de Perea (que luego se encargó de compensar Van Nistelrooy), comenzó a aparecer el Kun.
Ahí comenzó a sufrir un poco el Real Madrid, que pudo sentenciar, pero no lo logró (y no le dejaron). La alegría, el gozo, la euforia llegó en el minuto 90 en la falta que el propio Simao transformó. Pero la sentencia llegó en el 96 con el penalti que transformó Higuaín. Fue el justo castigo al ataque de entrenador que tuvo Aguirre y a la indolencia inicial de un equipo que parece guardar todos los días y ellos solos un minuto de silencio.
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Foto | UEFA


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