Qué el chaval es mediático no lo duda nadie. Basta con poner en Google (que viejo recurso este) su nombre para que el buscador nos escupa la nada desdeñable cifra de casi 17 millones de resultados. Quizá esa sea una buena baza a la hora de constatar la repercusión de un jugador y calcular así el número de camisetas que se van a vender.
Lo cierto es que más allá de los campos de fútbol, en donde nadie duda que CR7 (o 9, ya veremos) es un auténtico crack, el portugués también nos ha dejado grandes momentos. Algunos han sido sólo rumores, como aquel que aseguró que no ficharía por el Real Madrid porque su entonces novia había tenido un romance con Sergio Ramos y claro, compartir vestuario los que habían compartido algo más con ella…
Luego están las de las facturas. La más gorda, más allá de las de sus (suponemos) divertidas fiestas, fue la del móvil. No se equivocó la operadora, pero tuvo que pagar 11.000 euros (calderilla, ahora que cobrará mil euros... a la hora) por enviar cuatro mensajes de texto durante un entrenamiento con el United…

Las dos últimas han sido, quizá, las más jugosas. La primera fue en el túnel del aeropuerto de Mánchester. Quiso sentir lo que siente Kimi Raikkonen (otro recurso tópico al hablar de accidentes) y estrelló su flamante Ferrari 599 GTB contra las paredes. Afortunadamente, días después, Franck Ribery le robó protagonismo al hacer lo propio no con su coche, sino con el autobús del Bayern de Munich. Una pequeña broma…
La última, y la que más ha gustado sin duda a todos los que viven de vender la intimidad de los demás, ha sido sus comentadas juergas con Paris Hilton. Quizá esté negociando descuentos para la concentración del Madrid, ha pensado alguno. Descuentos o no, lo cierto es que no se lo debió pasar mal con la heredera desheredada del imperio hotelero. Al menos a juzgar por las fotos.
Fotos | El País



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