
La Federación Italiana de Fútbol ha creído que ha llegado el momento de ser profesionales. ¿Acaso nosotros blasfemamos en alto cuando algo nos sale mal el trabajo?
Las palabras de Gianluigi Buffon, que han dado la vuelta al mundo, y han sido repetidas por miles de niños en Italia en sus respectivos patios de colegio, han sido el detonante de esta política que pretende traer los buenos modales a un deporte complicado. ¡Qué ejemplo dan a nuestros pequeños sus estrellas si cada dos por tres se acuerdan sin cariño intencionado de la familia y supuestos seres superiores!
La consecuencia se llama tarjeta roja. Blasfemar en Italia (como siempre, cuando se entere el árbitro) será motivo de expulsión. Una medida polémica, pero completamente coherente, y con un factor de diversión añadido que es imposible pasar por alto.
¿Erradicar los insultos? Todos sabemos que eso será imposible. Simplemente, serán sustituidos por otros reclamos que no suenen a ofensas serias. Y entonces, la polémica resurgirá, porque, ¿cómo será capaz de distinguir un árbitro la gravedad de un quejido al aire? ¿Impartirán cursos de lingüística de la ofensa? ¿Acabarán por crear el diccionario de las expresiones prohibidas, para tenerlo claro? Esto promete.
Vía | Sport You


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