¿Cuál es la tecla que ha tocado Guardiola y que Rijkaard no encontró? Está por descubrir, pero lo cierto es que la ha tocado con la fuerza necesaria para, prácticamente con los mismos mimbres (y sin Ronaldinho) la cesta sea mucho más bonita, más elegante y, sobre todo, mucho más eficaz.
Al Barça le sobran 45 minutos por partido. Sentenciar en un cuarto de hora se ha convertido en marca de la casa (excepción hecha del partido de San Mamés). Media hora mordiendo el césped es suficiente para resolver el partido y dedicarse a sestear durante la segunda parte. Máxima tensión y a esperar el minuto 90.
Esa ha sido la fórmula de los últimos partidos que el Barça ha solventado con un saco de goles. Las rotaciones parecen ser el gran arma de Guardiola. Nadie se sabe titular y todos quieren serlo. El resultado es fútbol de quilates y goles, muchos goles. El ‘Dream Team’ (comparación que todos evitan), vive su segunda versión en las manos de uno de sus inventores.
Lo del Almería volvió a ser un elogio al fútbol que le gusta a la grada del Camp Nou. Como los buenos prefumes, en frasco pequeño. De 45 minutos. Pero qué 45 minutos. Los mismos hombres que cayeron en Soria (único lunar de Guardiola) sumaron otra manita con un Eto’o que justifica, a base de goles, su ‘refichaje’.
Incluso Henry, a quien muchos tienen en el candelero y al que Guardiola se ha empeñado en rehabilitar en esto de fútbol, se sumó a una fiesta en la que Alvés se estrenó como goleador blaugrana. Magia. Eso es lo que destila el Barça. Ahora toca, como muchos dicen, el ‘Angliru’ de la Liga: Sevilla, Valencia, Real Madrid y Villarreal. Comenzará la ascensión el 30 de noviembre.



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