
Seguro que no haré amigos, pero a mi Maradona dejó de gustarme como persona y casi como futbolista. No está recuperado de sus excesos, o siguiendo un símil bíblico, cuando le repartieron los talentos todos fueron a parar a sus piernas y pocos a su cabeza.
Es, para mi, el mejor jugador de fútbol que he visto junto con Zidane, quizás por aquello de haber podido verle en color, sus jugadas, quiebros, regates, velocidad… eran inigualables para cualquier jugador de su época, y aún hoy, no ha encontrado heredero. Pero al salir de la cancha se transforma en un esperpento de si mismo. La última del 10 se ha visto en una cancha de tenis.
Diego insultó gravemente al italiano Potito Starace que perdió contra ante David Naldandián en Buenos Aires. Por todos es conocida la afición de Diego al tenis, y en general a todo lo que juegue un argentino, y es habitual verle animando y alentando a sus compatriotas. Sin embargo en esta ocasión, el ambiente se caldeó más de la cuenta y Diego acabó insultando al jugador transalpino, que pidió al árbitro que interviniera, amenazando con asestar un raquetazo en los dientes al Pelusa. Y eso que el itliano es hincha den Nápoles y aseguraba tener al 10 como ídolo.
En definitiva, otra muesca más en el cinturón de la vergüenza de Maradona del que tendremos que seguir quedándonos con sus goles frente a su vida privada.

