Maradona promete espectáculo. Sobre el césped habrá que verlo pero fuera de él, apunta maneras. Su particular personalidad, sus formas no siempre políticamente correctas y su omnipresencia en todo lo que destile olor a fútbol augura diversión a raudales.
No ha hecho sino empezar a comandar la selección albiceleste y, en su primera rueda de prensa en tierras británicas, ya ha dejado la primera píldora de lo que nos espera. Eso sí, en respuesta a una provocación de Terry Butcher, ayudante técnico del seleccionador de Escocia, George Burley.
Había dicho Butcher que no daría la mano a Maradona por “destruir” el sueño inglés en el Mundial de México. “Que no me muero y duermo igual si Butcher no me da la mano”, ha sentenciado Maradona. Era de esperar que, en la primera ocasión que tuvieran, los ingleses le recordaran la afrenta. Una herida que sigue sin supurar, parece.
No se ha quedado ahí. Si su mano cerró las puertas de un mundial para Inglaterra, un gol que no fue, el de Geoffrey Hurst ante Alemania en 1966, se las abrió entonces. Razón que, para Maradona, anula cualquier crítica hacia el y su ya famosa mano. Basta de lloros. La historia no se reescribirá en ningún caso y al final el fútbol es justo. Lo que en su día le regaló, luego le robó.
Más allá de la anécdota el mundo del fútbol espera ansioso su estreno como seleccionador. Más aún cuando todo hace indicar que en nada se parecerá a lo visto hasta ahora. Dice Maradona que quiere que “los jugadores sean felices con Argentina”. Su apuesta clara por Messi, es otra buena noticia para todos los aficionados.



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