La final soñada, la más lógica, la más comercial tendrá lugar esta tarde del domingo entre Rafael Nadal y Roger Federer. Entre el número 3 del mundo (que será a partir del lunes el 2), y el indiscutible “number one”.
La Caja Mágica vivirá sus minutos, quizás horas, de mayor encanto y con sabor a venganza, ya que en 2009 ganó el suizo. Las gradas del estadio central Manolo Santana registrarán un lleno completo y presenciarán el quizá mejor partido al que se puede asistir actualmente.
El tenista mallorquín venció al murciano Nicolás Almagro en tres sets, con más dificultades de las previstas a pesar de los credenciales de cada uno, con un histórico rotundo, 5-0 a favor de Nadal, y un ranking en 2010 de 29 victorias y sólo 4 derrotas, por 22-11 para el outsider.
Dos títulos y una plaza de finalista, por una única presencia en semifinales, en éstas precisamente, de su rival. A priori, partido muy descompensado.
Pues bien, en el primer set todos los pronósticos se hicieron añicos ante la soberbia exhibición de Almagro. Perfecto al servicio, con una derecha sólida y un revés de impresión, decisivo en muchos lances del juego.
Ante tal avalancha Nadal asistió atónito, perdiendo hasta tres veces seguidas su saque, para dejar a Nico con una ventaja de 1-4, algo insólito cuando el manacorí no había cedido aún su servicio en todo el torneo.
El segundo favorito fue capaz de devolverle dos roturas y situarse con 3-4, pero Almagro dejó aparcada la presión y con golpes precisos, reveses (a una mano) ajustados, casi siempre cruzados, hizo de la remontada un deseo.
Hubo un atisbo de equilibrio, cuando el mallorquín se situó con 15-40 en el décimo juego, lo que de ganarlo le hubiera supuesto equilibrar la manga. Pero Nico se mostró implacable, muy seguro y acabó doblegando su resistencia (4-6). Nada menos que 15 golpes ganadores, por 3 de Rafa hablan con claridad de quien fue el dominador.
Sin embargo y como era de esperar Nadal apretó los dientes, se concienció de que algo tenía que cambiar, y cambió su forma de jugar. Ahora era más agresivo, se metía más en la pista, enviaba bolas más altas y forzaba a Almagro a cometer errores no forzados. La presión había cambiado de campo.
De ahí que el marcador se desequilibrara en el sexto juego (3-1) con el primer break convertido para Rafa. Luego se fue hasta el 6-2 final, rompiendo de nuevo el saque del murciano.
El tercer set fue casi un calco del anterior, con un Nadal muy concentrado, más certero en sus golpes y, por el contrario, un Almagro menos preciso, más vulnerable y con más errores. El tanteo fue de 6-3. En total 2 horas y cuarto.
En la otra semifinal, Roger Federer sufrió mucho para doblegar la resistencia de ese gladiador de las pistas llamado David Ferrer, el jugador con más partidos en lo que va de año (44) y también el que más victorias tiene (33).
El de Murcia obligó al helvético a sacar su mejor tenis y aún así cayó en tres mangas por 7-5, 6-3 y 6-3. Fue la décima vez que midieron sus fuerzas, y la décima que ganó el “rey de reyes”.
En la primera, Federer rompió el servicio del español en el undécimo juego lo que resultó decisivo ante su firmeza y acierto sacando. Lo acabó con un increíble 77% de primeros saques (3 de cada 4 dentro) y con un 95% de puntos ganados con él.
Con ese acierto era imposible lograr un break. Tanto es así que Ferrer sólo hizo dos puntos cuando su rival servía.
Las cosas cambiaron en el segundo set. El murciano, siempre voluntarioso, corajudo, y metido en el partido pese a enfrentarse al mejor del mundo, mantuvo su alto nivel de juego, y como un martillo pilón, fue golpeando a Federer, moviéndole de un lado a otro, devolviendo pelotas complicadas y haciendo muchos “winners”.
Además, el suizo ya no estaba tan fino con el saque (ahora, 48% de primeros y un 77% de puntos ganados) y perdía pujanza, lo que aprovechó Ferrer para ganarle un servicio, el único en todo el encuentro, y situarse con 3-1. Se mantuvo firme y consiguió acabar ganando (6-3).
Estaba claro que en la manga definitiva quien perdiera por primera vez su saque lo iba a pagar caro, tan caro como ser derrotado. Y fue en el octavo juego cuando Federer sacó ventaja de algunos errores de su oponente. Ya había amagado antes, pero el corazón enorme de Ferrer se lo había impedido.
A la desesperada, en el que sería el último juego del choque, el español no pudo con la contundencia del servicio del mejor tenista del mundo que, para más inri, cerró la contienda con un “ace”.



Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect