El viaje de Rafa Nadal por el Masters de Madrid se detuvo en la estación de los octavos de final, para enfrentarse y vencer al gigante estadounidense John Isner, 19 del mundo, segundo en el ranking USA y 2,06 de talla, y continuar rumbo a la final.
Lo hizo por 7-5 y 6-4, tras 1 hora y 27 minutos de un juego más parecido al de una pista de cemento que de tierra, como es el caso de la que habita en la Caja Mágica. La altitud, el hecho de que la Manolo Santana se tuviera que cubrir por la lluvia, y la fina capa de arcilla que recubre el piso, provocaron que la bola patinara más de lo deseado.
Isner, por su parte, también viajó, aunque en su caso lo hizo previamente a su llegada a Madrid. Vino en tren debido a que las cenizas del volcán islandés de nombre impronunciable impidieron que, desde Belgrado, donde perdió el domingo la final ante su compatriota Sam Querrey, pudiera coger un vuelo. Fueron 14 horas de tren.
Con una pista central repleta de aficionados, en lo que fue el primer gran lleno del torneo, Nadal se deshizo del incómodo cañonero americano. Pasó por algunos apuros, no tanto por la pujanza de su rival, si no por el clásico juego de saque-volea del norteamericano.
El set inicial estuvo equilibrado hasta alcanzarse el undécimo juego, ganando cada uno de los jugadores su servicio sin demasiados problemas. En ese momento, Nadal gozó de sus dos primeros puntos de break, aprovechando el 15-40 para coger ventaja (5-6) y tenerlo todo a su favor en el siguiente. Con un servicio más seguro que de costumbre, el número 3 del mundo se llevó la manga a la primera.
En la segunda las cosas se precipitaron antes, Isner, que fue asistido por el masajista al quejarse de su hombro derecho en el primer set, no volvió a mostrar más problemas. Eso sí, en el cuarto juego ya había perdido por segunda vez su saque (1-3), lo que no le auguraba un final feliz, entre otras razones porque no había tenido (ni tendría) ningún punto de break.
El español tiró de oficio, movió de un lado a otro a su oponente, sabedor de que la velocidad de piernas no son su mejor virtud, y los puntos fueron cayendo con relativa sencillez.
La firmeza del servicio (7 “aces”) de Isner no pudo impedir que el mejor tenista sobre la tierra de Madrid se colara en los cuartos de final. Nadal ganó su cuarto juego en blanco (4-2), el quinto con facilidad y acabó el partido con su único saque directo.
En la ronda de cuartos le espera el francés Gael Monfils, que se deshizo del español Guillermo García López en dos sets, en un choque más disputado de lo previsto.



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