Argentina y Brasil han confirmado su candidatura al oro en el torneo de fútbol de Pekín. Es como el duelo entre demócratas y republicanos en las presidenciales norteamericanas: dos estilos opuestos que, como en citas anteriores, generan páginas y páginas de información para luego defraudar en el terreno de juego. ¿Por qué? Dependen en exceso de las individualidades de sus cracks.
En las dos primeras jornadas, Argentina se ha deshecho de Costa de Marfil (2-1) y Australia (1-0) con más problemas de los esperados. La selección albiceleste depende en exceso de la imaginación de Messi. El jugador azulgrana es el cordón umbilical entre el buen juego y la victoria. Si éste se corta, la suerte de Argentina pasa por que Agüero salga con éxito de alguno de sus interminables gambeteos o que Riquelme rompa en una de las innumerables depresiones que sufre su juego. Arriba, tanto Lavezzi como Acosta son meros actores secundarios que están para acompañar.
El discurso de Brasil es similar. Ganó a Bélgica con un solitario y tardío gol de Hernanes y arrasó a una muy inferior Nueva Zelanda (5-0) con baile de Ronaldinho para la posteridad. Pato, Diego y compañía todavía tienen mucho que decir en estos Juegos.
Tanto la albiceleste como la ‘canarinha’ ya están en cuartos. Pero no todo es tango y samba. Italia también está clasificada para la siguiente ronda después de haber jugado dos partidos inmaculados. No pueden decir lo mismo los países africanos (Costa de Marfil, Nigeria y Camerún) que, a pesar de su potencial, siguen siendo muy irregulares en los grandes torneos.
El próximo miércoles, tercera y última jornada de grupos a partir de las once de la mañana.
Foto | Mediotiempo.com



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