En el mundo del fútbol hay dos conceptos de jugador. Uno el que puede representar, por ejemplo, Cristiano Ronaldo, que a principios de septiembre sacó a relucir su prepotencia asegurando merecer el balón de oro por haber sido el mejor. El otro, quizá más acorde con lo que de un futbolista se espera, es el del azulgrana Leo Messi.
El delantero de Santa Fe es un derroche de prudencia y sensatez. Tanto que hasta cuando decidió marcharse a Pekín para ganar el oro olímpico lo hizo con sutileza y clase, evitando la espantada de la que tanto rédito saca el imperio mediático. Con la misma humildad renuncia a un Balón de Oro que merece (y no estoy haciendo campaña) más que nadie.
Su renuncia es meramente teórica, eso sí. A nadie le amarga un dulce y Messi levantaría el trofeo con extrema iluisión, pero lejos de magnificar su importancia personal en el equipo culé, el argentino ha asegurado que lo que realmente le importa es el éxito del colectivo. Representa la aguja del pajar futbolístico.
“Sin duda, a mí me llena de orgullo que me alaben y me den premios, pero lo que más me interesa, y lo digo muy sinceramente, es el éxito colectivo. El equipo por encima de todo y cambiaría el Balón de Oro por la Liga y la Champions”, ha dicho Messi.
Todas las posturas (incluso la de Cristiano Ronaldo) pueden ser defendibles, aunque entiendo que la de Messi es la más correcta de todas. Porque, ¿se ha preguntado Cristiano Ronaldo que méritos hubiera acumulado sin sus compañeros del United o de la selección? Creo que no. Eso o es que les considera excesivamente torpes y él demasiado bueno. Formas de entender el fútbol. Formas de entender la vida.


Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect