
No dudaré del merecimiento de la victoria, de la lógica del marcador final de 84 a 68 a favor de la selección española de baloncesto. Acostumbrados a este ritmo de triunfos, lo que nos queda en el tintero del análisis lleva a pensar que lo que vimos ayer, sobre todo en lo que se refiere a los dos últimos cuartos, fue un partido muy feo. El propio Jorge Garbajosa lo calificaba así. La impotencia de los visitantes y, hay que admitirlo, el arbitraje casero, hizo que los nervios estallarán y que en varios momentos del partido nos olvidásemos del baloncesto.
Comenzado con el salto a la pista del técnico brasileño (que es en realidad argentino), Rubén Magnano, que fue justamente expulsado, porque ni la infortunada lesión de Anderson Varejao, ni el nimio codo de Alex Mumbrú se merecían tan vergonzoso recital de maneras.
Ante las bajas predichas salió el partido barriobajero de trabajo subterráneo en el que los nuestros supieron moverse, con una mínima ayuda arbitral. Personalmente, creo que preparando este tipo de campeonatos cualquier árbitro nacional, ante la duda, debería perjudicar sus propios colores, porque esa será sin duda una de las situaciones en las que algún momento tendremos que afrontar, pero esto ya es otro asunto.
Como bien dijo Iturriaga en la retransmisión de La Sexta, hay muchos que ya están listos: José Manuel Calderón, Juan Carlos Navarro o Fran Vázquez, y a otros les falta un poco. Quedan dos partidos, contra Lituania y EEUU para resucitar nuestras bazas.
Foto | FEB



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