
Turquía ha tardado en hacer uso en este Mundial de Baloncesto de la simbología que adorna su bandera. Los representantes del mundo islámico en el país estaban muy ofendidos con los bailes de grupos de cheerleaders como las Red Foxes, llegados de Rusia, Ucrania y Lituania para la gran ocasión, también para ellas, del año.
En el EEUU – Irán varias autoridades se retiraron, mientras que en los partidos de Turquía contra Grecia y Rusia ni siquiera aparecieron. Son las consecuencias de las negociaciones de la FIBA, perdiendo derechos deportivos al ceder a presiones religioso-políticas.
No es que las Cheerleaders tengan un razonada justificación en el mundo del baloncesto, pero la supresión es de los acontecimientos más absurdos y condenables del año. Aunque las negociaciones de la FIBA quieren ir más allá, porque a alguien ha tenido otra maravillosa idea: vestirlas.
No tenemos claro en qué va quedar esto, porque mientras en algunos partidos las cheerleaders de luto ya han aparecido, en otros se han extinguido. Los medios cuentan que en los partidos de Turquía lo hicieron por respeto a una sola persona, la mujer del Primer Ministro Tayyip Erdogan. Como dice Woody Allen, si hay una sola persona que sufre en el mundo me es imposible disfrutar, pero que esa persona sea la esposa de una autoridad me recuerda más a una monarquía medieval.
Los Derechos Humanos, o el sentido común, son instrumentos innecesarios cuando las altas cúpulas negocian, y los sacrifican por el respeto a las normas más antiguas. ¡Ah! Y Líbano perdió contra España porque sus jugadores durante el Ramadán, no beben agua a esas horas, a pesar de que lo tienen permitido. Así somos.
Vía | Telegraph
Foto | Flirck


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