
Sin despeinarse y ante un rival de altura, Rafa Nadal selló su pase a los cuartos de final del primer Grand Slam de la temporada, el Open de Australia, tras barrer de la pista a Fernando González por 6-3, 6-2 y 6-4. El chileno, finalista hace dos años, volvió a comprobar que el juego del manacorí está repleto de recursos para dejar a los rivales en la cuneta y sin opciones.
El duelo de las bandanas, como rezaba el cartel que anunciaba el partido entre Nadal y González, dejó claro el nivel físico con el que se ha presentado el tenista manacorí al primero de los cuatro grandes de la temporada. Su lesión queda en el olvido, y aunque todavía parece tener margen de mejora física, Rafa ha llegado a Australia como un toro.
Y aunque su juego sigue siendo transparente, los rivales siguen sin encontrar la fórmula para detenerlo. Su movilidad sobre la pista es apabullante, capaz de llegar a pelotas imposibles y convertir en puntos favorables restos que otros darían por perdido. Sólo los cambios de ritmo de su rival pueden despistar por momentos al mallorquín. Pero pronto, como sucedió en el tercer set ante González, Nadal da otra vuelta de rosca para frenar la reacción de su oponente.
En cuartos de final estará esperando el francés Gilles Simon, que se aprovechó de la retirada de su compatriota Gael Monfils en la tercera manga para zanjar su encuentro. El número 8 del mundo ya sabe lo que es ganar a Nadal. Lo hizo en la semifinal del último Masters Series de Madrid, donde el galo privó al manacorí de acceder a la final en la capital. Será en Melbourne donde Rafa puede consumar su venganza.
Foto | Open Australia


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