
Hay muy pocos que puedan hacer frente a Rafa Nadal. La lista se reduce si además el de Manacor está en plena forma y en su hábitat, la tierra batida. Hoy por hoy, quizás solo su rival en la final de Montecarlo, Novak Djokovic, y Andy Murray pueden ponerle en apuros. Pero en la superficie del torneo francés ha caído el serbio para que Nadal manchara de arcilla su quinto trofeo de Montecarlo.
Tanto Murray como Djokovic han sufrido violentamente ante las embestidas del mallorquín. La tierra pesa, porque cada resto de Nadal es como un aguijón de esa abeja que defiende su colmena. Tanto el serbio como el escocés lo han dado todo sobre la pista, cargando tras la derrota el sentimiento de impotencia que traslada Rafa a sus rivales sobre la arcilla. Es difícil de explicar, pero muy fácil de entender cuando el mallorquín pisa la tierra batida. Este repóker le avala.
Llevamos años asistiendo al poderío de Rafa Nadal sobre esta superficie. Y aunque nos acostumbramos a verle morder los trofeos, hay que seguir recordando el año de su nacimiento y los gigantescos que son sus pasos temporada tras temporada, entre las que no cesa de crecer. Novak Djokovic ha estado a un gran nivel, pero se ha hundido en un tercer set donde el balear no ha querido esperar más para levantar su quinto trofeo al cielo de Montecarlo.
Y sigue rompiendo cifras, números, récords. Iguala a Roger Federer en número de Masters Series 1.000, y ya apunta a Agassi. “No olvidemos que esto no ha hecho nada más que comenzar“, recordaba Nadal tras la final, haciendo referencia a la temporada sobre tierra batida. Y no, no hay que olvidarlo porque todavía le queda mucha arcilla en la que rebozarse de alegría.
Foto | El Mundo


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