La reapertura de la Operación Puerto vuelve a ser protagonista de la actualidad ciclista. El motivo una hábil estrategia judicial, imagino que instigada por la UCI y el COI. Las muestras de sangre que se encuentran a disposición del Juzgado de Instrucción nº31 de Madrid no pueden servir para identificar a los ciclistas implicados, ya que, sanciones deportivas a parte, no son acusados de ningún delito en este caso. A fin de garantizar su derecho a la intimidad su identidad queda en el anonimato.
¿Que hacen los organismos de este deporte ante esta situación? Darle la vuelta a la tortilla. Permitir que aquellos ciclistas que voluntariamente quieran someterse a una prueba de ADN puedan demostrar que están al margen de la famosa operación contra el dopaje. La trampa está puesta a la espera de que la presa caiga…
Ante esta situación sólo caben dos opciones: que el colectivo de deportistas se niegue en bloque a someterse a las pruebas o que lo hagan paulatinamente quedando por eliminación los implicados al descubierto. De someterse a las pruebas y dar positivo los organismos oportunos podrían sancionar administrativamente, pero el hecho de no someterse a la prueba siendo blanco de sospechas, como puede suceder con Valverde, puede ser igual de dañino o más. Pensemos que Giro, Tour o Vuelta pidan a todos sus corredores como requisito para participar someterse a esa prueba. Podría ser definitivo.
Ante esto casi afirmaría que el gremio se unirá y no delatarán indirectamente a sus compañeros, pero las cosas no son tan sencillas y si alguno da el paso pueden seguirle el resto. Comienza la cuenta atrás, Ullrich y Basso ya han caido, ¿habrá purga?
Vía | El País
Foto | Periodista Digital

