
Oscar Pereiro pasa una situación complicada. Desde agosto, el gallego ha sido autor de un ambiguo itinerario sobre su futuro. Así, comenzó queriendo llamar la atención sobre que estaba deprimido, es decir, sobre esos tiempos mejores que ya pasaron y su identidad en el pelotón actual.
Después de varios meses, Pereiro estaba a punto de firmar con el Astana de Alberto Contador. Pasaría a ser reconocido, por fin, en condición de gregario, para ayudar al madrileño a ganar el Tour de Francia (que falta le harán este tipo de ayudas). Sin embargo, como si se lo hubiera buscado, el fichaje se ha paralizado.
La mala suerte se ceba con los que la buscan. El destino parece jugarle una mala pasada al gallego, que no ha terminado de jugar muy bien sus cartas. Hay que tener en cuenta que, de momento Astana, equipo en el que milita el último ganador del Tour, parece más una casa de chapuzas, y que lo ocurrido con Pereiro no es excusable.
Este firmó un contrato a distancia, lo envió por correo, y ahí se acabó el asunto. Astana luego contactaría con él para bajarle el sueldo. Ahí se acabó el acuerdo, y Pereiro de momento, en la calle, en diciembre.
Vamos a ver dónde termina recolocado, con sus expectativas económicas, después de la discusión con Álvaro Pino en el Xacobeo-Galicia, y de haber rechazado una oferta del Quick Step.



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