
Lo del Barça ya empieza a ser preocupante. Que en un club como el azulgrana ocurran estas cosas es bastante triste. Son muchos los grandes jugadores que se han vestido con la camiseta de este club y los que, a la par, se han marchado por la puerta de atrás. No hubo homenajes, ni aplausos, ni lágrimas por su partida. Maradona, Rivaldo, Luís Figo, Ronaldo... y ahora Ronaldinho.
El que hace muy poco fue la insignia del club culé, una referencia para todos, el mejor jugador de todos los tiempos, el líder de un equipo que brillaba en España y en Europa, ahora tiene un pie y medio fuera del Barça, no sin antes haberle declarado la guerra. Sus affaires en los últimos dos años, en los que se le ha conocido más de noche que como pelotero, y su estado físico no le ayudan a salir del club catalán con buen sabor de boca.
Y que si un día el Milan, que si otro el Chelsea y que si el de más allá al Manchester City. Y el brasileño pasándose por el forro la negativa del club de que viaje a los Juegos Olímpicos mientras en la tienda del Barça ya no aparece su nombre en la nueva equipación.
Es una lástima, de verdad. Primero, una lástima que un tipo como éste juegue al desamor con el deporte que le ha dado de comer, a la par que con la opinión y sensibilidad de millones de espectadores que un día le vieron como el mejor del mundo. Y una lástima por el Barça, quien pudo mantener y aprovechar el talento de una estrella que, como tantas otras, quedará en el olvido emborronada por los malos recuerdos.
Y aunque el propio jugador no haga el esfuerzo para ello, yo prefiero quedarme con el recuerdo de que en la Liga española pasó un brasileño de gran dentadura que durante una época encandiló con su magia y su fútbol. Queda por ver como se cierra esta historia, pero mucho me temo que no será un final de cuento de hadas.


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