
Cuando Paul Pierce renunció a su último año de contrato con los Boston Celtics por el que habría cobrado 21.5 millones de dólares, convirtiéndose así en agente libre, hubo algún medio que lo interpretó como clara intención de cambiar de aires y buscar una nueva franquicia. Está claro que quién pensara algo así no sigue mucho la NBA.
El movimiento de Pierce tenía como objetivo claro buscar un nuevo contrato con los propios Celtics, de mayor duración y más lucrativo. No por temporada, pero sí a la larga. Y eso es lo que ha ocurrido. El próximo 8 de julio, el acuerdo verbal se plasmará en papel, ya que hasta entonces los agentes libres no pueden estampar su firma en ningún contrato de manera oficial.
Pierce firmará un nuevo contrato por cuatro temporadas y un total de 61 millones de dólares. Es decir, 15.25 millones por temporada. Menos de esos 21.5 con los que podría haber contado, pero más sustancial a largo plazo y manteniéndose en su equipo de toda la vida. Además, de esta forma libera masa salarial para Boston.
Pierce fue elegido por los Celtics en el draft de 1998, y desde entonces ya son doce temporadas de verde. Con este contrato, con claúsula de no intercambio incluida, Pierce finiquitará su carrera en su equipo de toda la vida.
Así pues, con la renovación de Pierce y la confirmación de que Doc Rivers seguirá en el banquillo, el próximo objetivo de los Boston Celtics será renovar a Ray Allen, que ahora mismo es agente libre sin restricciones.
Foto | Keith Allison


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