
Michael Phelps, qué decir de este hombre. Un depredador, un tiburón, el Rey Midas como ya lo llaman por todos los oros que cuelgan de su cuello. El octavo en la final de los 4X100 estilos le coloca en el Olimpo de los Dioses, superando a su compatriota Mark Spitz y entrando en la historia del deporte con unos números de un verdadero inmortal.
El norteamericano les ha ido comiendo la moral a todos sus rivales. Sus siete récords del mundo no están al alcance de cualquiera. Se sembró la duda por su séptimo metal, aunque se suele decir que todo éxito deportivo nunca está libre de la polémica.
Está claro que Phelps no es humano. El debate sobre si puede ser el mejor deportista de la historia olímpica ya estaba abierto antes de comenzar los Juegos, debido a las grandes expectativas que el nadador de Baltimore había creado. Con el reto cumplido, todo resquicio de duda de desvanece. Phelps ya es un mito.
Foto | Corbis



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