
El Barça y Cataluña siempre han ido de la mano. El F.C.Barcelona ha sido, y es, un club que ha dado a conocer hasta en los puntos más recónditos del mundo la existencia de Cataluña y del catalanismo. Ayer se jugó la Copa Catalunya y los azulgranas se presentaron en el campo de La Devesa de Tarragona con el filial del club. Los pitos y las pancartas estaban servidos y Laporta fue el más perjudicado en la grada. Pep lo vió desde el palco y los pocos jugadores del primer equipo que tiene disponibles el Barça desde sus casas. El Barça redondeó la noche con una derrota ante el Sant Andreu (3-1) quedándose fuera de jugar la final contra el Espanyol.
Con todo esto se abre debate: ¿Tiene el Barça que afrontar todos los partidos al máximo nivel, en especial cuando se juega una competición que representa uno de los grandes ideales del club que es el catalanismo?
La primera respuesta sería un sí rotundo. Es evidente que se tiene que ser fiel a unos ideales y que si se tiene que jugar este trofeo, puesto con muy mal ojo en el calendario todo sea dicho, pues se tiene que jugar. La Copa Catalunya es la fiesta del futbol catalán. Es el momento en que equipos modestos se enfrentan a Barça o Espanyol. Por esos jugadores, como también para sus aficionados, este tipo de trofeos deben tenerse algo más en cuenta ya que hacen que estos disfruten, aunque solo sea por un día.
Pero toda respuesta positiva tiene sus matices por muy rotunda que sea. Y es que la situación en la que se ha encontrado el club azulgrana no era la más idónea. Si que hubiese podido llevar a Tarragona a Eto’o o a Valdés, pero es que ellos dos y cuatro más eran los que estaban disponibles para jugar. Los compromisos de selección se han llevado prácticamente al total de la plantilla azulgrana y por lo tanto Pep no tenía muchas más opciones y más teniendo en cuenta el importante encuentro liguero del fin de semana y el primer partido de Champions del martes. No creo sinceramente que Guardiola haya querido ‘desentenderse’ del partido de la Copa Catalunya, sino que se ha visto obligado a hacerlo.
Es por tanto justificada la actuación de Pep pero también está justificada la espectacular pitada que se llevó especialmente el presidente a su llegada al campo y al palco. Se entiende que los aficionados e incluso el presidente de la Federación Catalana de Futbol estuvieran molestos. Era su fiesta y el Barça decidió ‘aguarsela’. Todo el mundo tiene su parte de razón en esta situación, que repito está justificada por la falta de jugadores disponibles. Otra historia hubiese sido que Pep hubiese mandado jugar al Barça Atlétic teniendo al primer equipo disponible. Entonces sí que hubiese habido debate, y del bueno.
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Foto | Sport


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