
Ya saben que las diferencias entre este Tour de Francia 2009 y En busca del tiempo perdido son escasas (hagan como yo y lean esta gran obra mientras ven la etapa). Por eso, lleguemos por fin al capítulo 345 cuyo título leemos en el encabezamiento: Segundo final en alto (dos de tres). No se impacienten y confórmense con la pequeña introducción teatral del mismo
LANCE ARMSTRONG (compungido): No somos nosotros los que hemos de atacar.
Leyendo esta especie de prefacio me siento muy contrariado por la actitud de Lance. ¿Dónde está el ciclista ganador? ¿Ese que rebañaba a fondo el plato, y si podía, se hacía con la victoria en todas las etapas de montaña?
Ese ciclista ha desaparecido, al menos psicológicamente, porque no es normal que una llegada en alto así, que no le llega siquiera a la suela de los zapatos a los colosos alpinos, sea motivo de conservadurismo en Astana.
Sí, la palabra estrategia empresarial de equipo suena atractiva, sobre todo para todos aquellos empresarios que en época de crisis, como este Tour montado para el momento, necesiten oxígeno más allá de los 2000 metros.
Sin embargo, y no me cansaré de repetirlo, no hay nadie, ni Alberto Contador, ni el pasado ganador Carlos Sastre, ni Andy Schleck, y mucho menos Lance Armstrong, que haya mostrado hasta el momento el mínimo merecimiento por ganar en París.
Mientras tanto, y por si acaso terminó con Proust, encima del televisor ya descansa Los hermanos Karamazov, mi particular homenaje al ganador de la rifa del día.
Foto | AFP



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