
En el kilómetro 7,5 de la contrarreloj de ayer, que contaba en total 15,5, Alberto Contador aventajaba a Fabian Cancellara en 6 segundos. El suizo no solo recortó esa diferencia en los 8 kilómetros (casi 6 de bajada) restantes, sino que terminó sacando 16 a Contador en meta. En total 24 segundos, en 8 kilómetros de bajada, y con respecto al segundo mejor tiempo.
Sus palabras de en forma soy imbatible, no son un intento de asustar a sus rivales, o una demostración de prepotente orgullo. Esas palabras suenan a disculpa y a realidad, y nadie en el pelotón sabe remediarlo.
Sobre él penden los rumores de los ganadores, de sospechosas lesiones a mitad de temporada. Sin embargo, la superioridad del suizo empaña cualquier posible suspicacia.
Está alcanzando su plenitud. En los JJOO, el año pasado, se encargó de asustar, más que en contrarreloj, en la prueba en línea, cuando en apenas 8 kilómetros de bajada, recortó un minuto al grupo de cabeza, algo que parecía imposible.
Y es que el suizo pone en tela de juicio los límites de la velocidad, sobre todo en bajada. Gana tiempo en un terreno en el que el resto del pelotón no puede permitirse ni siquiera con soñar hacerlo. Ha trabajado el resquicio que quedaba por explotar, añadir desarrollo para aprovechar a velocidades superiores a los 70 por hora, a las que el corazón de ningún ciclista puede mantener la serenidad del mismo modo que el suyo.
Su siguiente reto será mantenerlo, y Astana se lo va a poner muy complicado en la crono por equipos a Saxo Bank.


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