Tras dejarse caer después de casi dos horas y media sobre la tierra batida de la Philipp Chatrier, tras darse la mano con su rival Robin Soderling, tras devolver los aplausos al público francés, Rafa Nadal se sentaba en su silla y llevándose una toalla al rostro intentaba esconder sus descontroladas lágrimas. Lágrimas que no sólo conllevan el hecho histórico de vencer en París por 5ª ocasión o de regresar al número uno del ranking ATP, sino también la liberación de una tensión que se le percibía durante todo el torneo, las lágrimas por haber vuelto a lo más alto después de mucho sacrificio y sufrimiento. Sólo Rafa sabe todo lo que ha tenido que pasar desde que cayera derrotado precisamente ante el sueco en el Roland Garros del pasado año. Aquella sigue siendo la única derrota del manacorí en el torneo francés, y marcó un punto de inflexión en la trayectoria ganadora de Rafa que afortunadamente esta temporada ha sabido reconducir.
Gran parte de esta vuelta a las victorias está en un calendario más sensato y planificado. Por fin es consciente de que no se puede jugar todo, que tiene que saber dosificarse. A buen seguro que su físico está agradeciendo un calendario sin sobrecargas. Sólo lo necesario.
Lo cierto es que sin que Nadal haya desplegado su tenis de mayor nivel en este Roland Garros, le ha alcanzado para llevárselo sin muchos problemas. El hecho de que no haya cedido ni un sólo set en todo el torneo evidencia el poderío de Rafa. Ha hecho gala de un juego mucho más maduro y gestionado, sabiendo qué hacer en cada momento y recurriendo más a la cabeza que al corazón.
Se esperaba que Soderling fuera un rival mucho más duro en esta final (6-4, 6-2 y 6-4), pero Rafa se lo ha impedido. El español ha sabido maniatar el juego agresivo del sueco. Supo cargar el juego en el revés de su rival para llevar la iniciativa de los puntos, hizo gala de su poderoso drive, estuvo muy sólido con el resto y demostró una vez más cuánto ha mejorado su servicio. No es que la potencia de este haya aumentado notablemente, pero sus ángulos y colocación han mejorado una barbaridad. Impresionante uno de los datos de la final: Rafa ha hecho 7 aces, los mismos que un cañonero como Soderling.
Séptimo Grand Slam para Rafa. Quinto Roland Garros. Ya sólo uno menos que Björn Borg, el tenista que más veces ha vencido sobre la tierra batida de París. Esa es la mejor noticia, el mayor de los logros. Dentro de 20 años nadie pensará en que Nadal salió victorioso de la revancha ante Soderling, o cuántas semanas estuvo el número uno. Lo que queda son los títulos, y el manacorí está escribiendo su historia con letras de oro.



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