
España tiene motivos para estar intranquila. Ayer, media selección rusa se proclamó campeona de la UEFA tras dar una lección de fútbol a unos escoceses que encerrados atrás hicieron poco o nada por llevarse un partido histórico para ambos.
Un juego de toque y profundidad que recuerda mucho al tiki-taka que quiere desplegar la selección de Aragonés. Hiddink tiene un grupo joven, trabajador como todos los rusos y con ganas de desquitarse de no haber llegado a la fase final del pasado mundial. En un grupo con Suecia y Grecia, los rusos son un serio candidato a una plaza en cuartos, tan serios como los actuales campeones, inmersos en una recambio generacional, o los suecos que no son tanto como aparentan.
Los rusos saben tocar el balón, trenzar jugadas y abrir latas herméticamente cerradas (le auguro un mal futuro a los griegos en un grupo cargado de arte futbolístico).
Dominaron el mediocampo como se espera hagan en la Eurocopa, y veremos que hacen ante rivales que no les dan tanto balón. Afortunadamente, además de toque y calidad, también mostraron una carencia de efectividad ante la portería que oscurece bastante su futuro y deja algo más tranquilo a una selección que con Casillas, tampoco es que se asustara demasiado ante los nombres de Progrebnyak, Saenko, Sychev, Adamov o Roman Pavlyuchenko, a pesar de que este último, delantero del Spartak de Moscú, a principios de año sonara para el Real Madrid.
Seguro que Aragonés no se perdió el partido y tomó buena nota de lo que nos espera este verano.

