La locura en la que se ha transformado esta temporada la Fórmula 1, en la que los cambios de reglamentación, las rectificaciones y las interpretaciones normativas realizadas por las diferentes escuderías, amenaza con rozar el absurdo. McLaren, después de las trampas y mentiras de Australia, puede ver comprometido su futuro en el circo de la velocidad.
La afirmación no es gratuita. Lo ha dicho Bernie Ecclestone, el patrón de la competición y, cuando el río suena… No ha dudado en hablar de fraude y de robo de puntos, pero también tiene que tener en cuenta que ellos mismos, con el cambio de normativa que trataron de impulsar, se entregaron a la ilegalidad y, finalmente, tuvieron que dar marcha atrás.
Dudo mucho que McLaren sea expulsada por mucho que Ecclestone proponga esa sanción. Esa decisión sería el rejón de muerte para un Mundial demasiado envenenado y enrevesado hasta la fecha. La sanción del Consejo Mundial de la FIA amenaza con ser dura, pero de ahí a la expulsión del equipo hay mucha distancia.
Si realmente la FIA ve indicios de fraude y robo, probablemente la sanción más acorde sería, efectivamente, la expulsión del mundial. ¿Qué les frenará? Básicamente que McLaren es uno de los equipos más fuertes y con mayor presupuesto; que en sus filas está el vigente campeón del mundo; que abriría las puertas a un mundial descafeinado…
Argumentos todos que tienen trascendencia económica, verdadero motor del mundial y de las decisiones de sus rectores. Probablemente la pregunta que se ponga sobre la mesa no será si merece o no la expulsión McLaren, sino cuánto dinero se dejará de ingresar si McLaren es expulsado. Todo sería diferente, muy diferente, si fuera Force India la que se sentara en el banquillo de los acusados.
Foto | F1sintraccion



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