El Barça de Guardiola cada vez pinta mejor. Atrás quedan todas las dudas que en el arranque de la temporada despertaba el equipo. Atrás quedan los tropiezos inesperados. Atrás ha quedado prácticamente todo. Fútbol vivo, de calidad y precisión hacen que el aficionado culé vuelva a soñar y a disfrutar con su equipo.
El último ejemplo, quizá condicionado por el escaso potencial del rival, el Basilea, fue una exposición perfecta de la filosofía Guardiola. Si arriesgó la directiva al elegirle a él, el también quiere arriesgar y apuesta, con los ojos cerrados, por la cantera. Y entre tantos nombres, uno destaca por encima de los demás: Sergi Busquets.
El apellido nos suena a todos y nos recuerda a uno de los porteros más peculiares (que no malos) del club catalán de los últimos años. En Basilea, una ciudad blaugrana por todos los costados, el menor de los Busquets se hizo grande. El mismo día en que la cantera firmó la primera manita en Champions. Cinco goles, cinco tantos canteranos.
La eclosión de Busquets ha sido espectacular. Guardiola lo tenía escondido y cuando su nombre apareció llegaron las primeras comparaciones con su padre. Nada que ver. Derrocha calidad y más de uno le ha señalado como el sucesor natural de Guardiola.
No es para menos. En poco más de dos meses ha demostrado tener tablas suficientes como para aguantar altas dosis de presión, ser capaz de hacer olvidar a los ‘pequeños’ del centro del campo, asistir como el que mejor y hacer un gol, el de Basilea, que muchos hubieran querido firmar.
Ese tanto ha sido también su estreno como goleador en el primer equipo. Un premio merecido y que es toda una llamada a La Masia: ‘Ojo, aquí está Guardiola y quiere contar con vosotros’. Ahora sólo hace falta que el club le haga una oferta de renovación a la altura de su calidad o habrá fuga de cerebros.
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Foto | UEFA



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