
No es ni la sombra de lo que era. Sus promedios han bajado considerablemente. Ya no tiene el poder de convertir con su sola presencia a un equipo en candidato al título. Pero Shaquille O’Neal sigue siendo un mito, y en su aventura en búsqueda de su quinto anillo de Campeón ha recalado en los Boston Celtics.
La obsesión de Shaq por sumar anillos ha alcanzado tal punto, que no le importa ver rebajado su sueldo ostensiblemente (cobrará alrededor de 3 millones de dólares, por los 10 de la temporada pasada) con tal de estar en un equipo que aspire a todo. Los Boston Celtics sin duda lo son, como lo demostraron en la última temporada, perdiendo el título en el último cuarto del séptimo partido de las finales ante Lakers.
Pero en este matrimonio el claramente beneficiado es O’Neal, que estará en un gran conjunto para luchar por el campeonato. Por su parte, los Celtics tampoco es que den un paso importante. Es un refuerzo muy venido a menos. Que servirá para dar potencia al juego interior, algo necesario teniendo en cuenta que Perkins causará baja hasta febrero aproximadamente, pero poco más.
Todo esto sin olvidarnos del tema de la edad. Es cierto que la temporada pasada se criticó considerablemente a los Celtics por este tema, recalcando que sus estrellas estaban en declive y no podían luchar por el título. Pero llegados los playoffs sacaron toda su magia hasta proclamarse campeones del Este y ponerle las cosas muy difíciles a los Lakers en la final. No obstante, no podemos obviar los 32 años de Pierce, 34 de Garnett, 35 de Allen y ahora los 38 de Shaquille. La chispa de la juventud tendrá que aportarla un Rajon Rondo que, para algunos entre los que me incluyo, ya es el jugador puntero de estos Celtics.
Foto | Keith Allison



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