Las cosas de la vida. Recuerdo todavía cuando la directiva del Powerpoint iba vendiendo su fórmula mágica del círculo virtuoso que iba a llevar al Barça a la gloria absoluta. La referencia para los Laporta, Rosell y compañía era, por aquel entonces, y mira tú por dónde, el Manchester United.
Los reds inspiraron la teoría del círculo virtuoso, que pareció ser la leche en aquellos maravillosos años del “Barça de Ronaldinho”, pero que ha mutado en un círculo vicioso que recuerda más a la época galáctica del Madrid que a otra cosa. Y caprichos de la historia, el propio Manchester ha sido el encargado de poner la puntilla a este ciclo que ha dado tantas alegrías como decepciones.
Ahora la crisis es mayúscula, como no se recordaba en Can Barça desde la época de Gaspart, y si nos ponemos a limpiar con lejía el vestuario blaugrana – como realmente toca – a ver si se nos va a ir la mano, y el año que viene saldrán los jugadores con equipación blanca Neutrex. La sensación es que bien poquitos se van a salvar de la criba.
De los 4 fantásticos, sólo Messi ha demostrado estar al nivel este año. Si Henry tuviera un hermano gemelo, me jugaría toda mi fortuna a que el Arsenal nos empaquetó al gemelo. Eto’o no es el mismo Eto’o desde la lesión, aunque por lo menos le pone ganas en el campo, que en este Barça ya es mucho. A Ronaldinho, que un día fue jugador de fútbol, no le vamos a sacar 40 millones de euros ni en los sueños más húmedos de Laporta. Deco combina un gran partido con 5 malos y 5 lesionado. Del Zambrotta campeón del mundo sólo nos queda la barbita de dos días, y el Abidal que a principio de temporada era el lateral-extremo perfecto, ha mutado en el amigo ideal de los rematadores del ataque rival. Y si sigo, no acabo nunca.
Mucha faena por delante para la Secretaría Técnica del Barça y la directiva… bueno, claro, que éstos también están cuestionados. Pffff, vaya panorama, culés del mundo. Aunque como dijo Humphrey Bogart en Casablanca (¡no podía ser de otro color la casa, leches!), “Siempre nos quedará París”.


