Sobre el famoso círculo virtuoso

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RealMadrid-Barça2008
Qué caprichoso llega a ser el fútbol. Este Madrid, el que hace cuatro años lloraba por las esquinas, es el que ahora no se recupera de una resaca y se mete en otra. Miento: no es el mismo Madrid. Como tampoco no es ni la sombra de lo que fue este Barça irreconocible, desquiciado, roto. Qué caprichoso, digo, es el fútbol, que vive de los altos y bajos de los equipos, de los éxitos y de los fracasos que nunca vienen a la par entre los dos máximos rivales. Más bien todo lo contrario.

Y es que la gloria se roza, nunca se tiene. Y el ejemplo más claro lo vivimos día a día con este deporte. Al Barça ahora le toca sufrir todo lo que ha celebrado, como antaño a los blancos también les tocó.

A esto, los entendidos le llaman el círculo virtuoso. Una fuerza sobrenatural que tanto te hace subir como la espuma que caer como un trozo de metal. La pregunta de siempre es cuándo o cómo llegar al final de ese círculo. Cómo saber que ya has tocado fondo. Ayer el Barça bien pudo padecerlo.

Imágenes como las de Florentino Pérez comunicando que abandonaba La Galaxia, o la de Riquelme errando el penalti decisivo ante el Arsenal en Champions; son imágenes que quedan en la retina y uno recuerda como el fin de una era.

Y así, cualquier frame del partido de anoche para el aficionado culé formará parte de este tipo de imágenes almacenadas que bien pueden significar el fin de un ciclo. Al Madrid le toca saborear los buenos tiempos, recoger lo sembrado tras varios años de sequía. Al Barça, quitar las raíces muertas, cambiar el abono y volver a cultivar. Barça y Madrid; Madrid y Barça. Son como dos bebés con un sólo chupete. Cuando uno lo tiene, el otro llora.

Foto | Marca

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