La semana pasada finalizó por fin el culebrón que había monopolizado el interés de la NBA desde que los Lakers se hicieron con el anillo. LeBron James, tras días de entrevistas con diversas franquicias y persecuciones de los medios, en lo que parecía más un reality que una simple decisión de futuro para un agente libre, anunció que se iba a los Miami Heat. Lo hizo a través de un programa especial, “The Decision”, emitido en directo por la ESPN y que durante una hora tuvo en vilo a toda América y parte del Mundo.
El programa fue un ejemplo más de hasta dónde llega el nivel de ego de LeBron. Un jugador al que llaman “King”, además de autoproclamárselo él mismo. Sin embargo, nunca ha alcanzado la corona de la NBA. Sólo llegó a rozarla en el 2007, pero perdió en las finales ante los San Antonio Spurs.
LeBron afirmó que Miami “es la mejor oportunidad de ganar, ahora y en el futuro”, y al día siguiente ya protagonizaba un show de presentación junto a Wade y Bosh ante 13.000 aficionados al grito de “Yes, we did”. Aunque ese “nosotros” podría concretarse más bien en la figura de Pat Riley, el presidente de la franquicia y máximo responsable de conformar un tridente de tal calibre. Primero convenció a Wade para renovar por menos dinero, para así liberar masa salarial y traer más jugadores punteros. Wade convenció a Bosh para unirse a Miami. La llegada de Bosh convenció a LeBron de que era el destino más apropiado para lograr el anillo, y ahora James atrae a otros jugadores como Ilgauskas.
Decepción en Cleveland
“Yo tengo una tarea inconclusa, que es traer un campeonato a esta franquicia y a esta ciudad de Cleveland y no cesaré hasta conseguirlo”
Es imposible no recordar declaraciones como esa de LeBron James tras su salida de los Cleveland Cavaliers, el equipo de su hogar. Es de entender que en cuestión de días haya pasado de héroe a villano. No se trata sólo de su marcha con el trabajo inconcluso, dándose por vencido, sino del modo en que se ha ido. Con el show televisivo, anunciando para todo el planeta su decisión sin antes haber hablado ni con Dan Gilbert, el dueño de los Cavaliers. Todos sus fans tuvieron que enterarse por televisión del abandono. Después de tantos años y el supuesto amor por su hogar, ¿no se merecían algo más? ¿qué tal un poco de tacto?
En Cleveland las reacciones no se hicieron esperar. Camisetas con el 23 a la espalda siendo quemadas, retirada de merchandising, carteles publicitarios… Las pancartas publicitarias de Nike protagonizadas por James fueron retocadas por el despecho, y al lema “Todos somos testigos” se le añadió un contundente “de un desertor”.
Para hablar de dinastías, primero hay que ganar
Resulta curiosa la velocidad con la que todo el mundo se ha puesto a hablar de anillos y dinastías. Parece que ahora los nombres y fichajes de relumbrón garantizan títulos, sin necesidad de ver cómo responden juntos en la cancha. Sí, está claro que Miami pasa a ser uno de los equipos punteros de la NBA. Que probablemente serán Campeones de la Conferencia Este. Pero la temporada regular es una cosa, y los playoffs otra. Habrá que ver con qué se acompaña al tridente, cómo juegan colectivamente, su actitud defensiva y su entendimiento en ataque.
Es muy fácil hablar de dinastías y anillos en julio, pero luego hay que llegar a mayo en disposición de derrotar a auténticos equipos como Los Angeles Lakers, que por méritos propios, se han ganado el derecho a seguir siendo favoritos en cualquier quiniela, por mucho que los Heat fichen.


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