El Lábaro Toledo fue la sorpresa de la primera jornada de Asobal. Triunfo con solvencia de los debutantes en la máxima categoría ante un rival de nivel como el San Antonio, ahora Reyno de Navarra. Cómo echarán los navarros de menos a Saric y Svensson... Y así lo demuestran las cifras de sus descendientes en la portería: 4 paradas de 22 lanzamientos de Ristanovic (18%) y otras 4 de 19 de Besirevic (21%).
Sin querer desmerecer, ni mucho menos, la victoria de los de Astrauskas. Remaron con eficacia entre varias corrientes, desde el 16-11 con el que se marcharon al descanso hasta en los minutos que se vieron afectados por las exclusiones (tres del minuto 51 al 59). Buenos síntomas para el estreno de un equipo que deberá empuñar más ilusión y corazón que calidad y juego para mantenerse en la categoría. Conscientes de su inferioridad, la marea naranja arranca con matrícula en un pabellón al que debe convertir en fortín.
El Ademar de León inició la campaña tropezando en Alcobendas (28-28), y gracias a Stranovsky (de los mejores látigos que hay en Asobal) pudo, al menos, arrancar el empate (los leoneses perdían de 7 en el minuto 33, 19-12). Saben los de Jordi Ribera que cada punto hierve en Asobal a 120ºC, y que Europa se cotiza a precio de oro.
En Ciudad Real, además de limpiar las heridas de la Supercopa con una victoria, saltó al campo un tal Dujshebaev. No fue Talant, sino su hijo Alex, que debutó a sus 16 años en la máxima categoría del balonmano español. Su único gol del encuentro, el último de los manchegos en el partido ante Antequera (33-22), fue el más esperado y ovacionado por la parroquia local.


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