
Tiene que ser muy complicado para los organizadores de una gran carrera ciclista de tres semanas contentar a todos los frentes a la hora de elaborar el recorrido.
Así nos lo hicieron entender en la presente edición del Tour de Francia, en la que nos aburrimos hasta de la polémica en Astana. Presentada la edición del próximo año, se parece demasiado al de este año: solo 3 llegadas en alto, menos crono incluso, y han de saber que hasta la octava etapa no habrá carrera más que para los sprinters. ¿Y favorece a alguien? ¡Sí, a las viejas glorias!
Viendo que lo decisivo volverá a llegar al final, cambiando Alpes por Pirineos, es una ventaja para corredores tipo diesel, generalmente veteranos, que saben crecerse con respecto al resto según pasan los días.
Lance Armstrong, Levi Leipheimer, Carlos Sastre, Frank Schleck o Cadel Evans se han de sentir bastante piropeados por el recorrido. A pesar de su edad, les brinda una primera ventaja con respecto al resto de rivales.
De todos modos, y aunque con los años la reducción de kilómetros contrarreloj del Tour es directamente proporcional a la mejora en la especialidad de Alberto Contador, a la hora de la verdad el año de nacimiento les va a pasar factura, si la lógica impera, contra el vigente campeón, Andy Schleck o Robert Gesink.
Será una edición clave para Alejandro Valverde, que ha respirado viendo que el Tour ha decidido no visitar Italia, y Samuel Sánchez, quien también anunció intenciones al finalizar la Vuelta. Menos crono significa más oportunidades para el murciano, que si quiere ganar algún Tour, debería ser este, y debería cumplir la complicada premisa de llegar con una ventaja considerable a la única crono.
Por el recorrido, Mark Cavendish se volverá a hartar, y tres finales en alto llaman a la ambición. No entiendo bien esa manía de alejar los últimos puertos de la meta en las etapas de montaña. Así, los Alpes serán breves, quedando lo decisivo para los Pirineos, a la italiana, como el año pasado, cambiando Mont Ventoux por Tourmalet. Como Christian Prudhomme se sintió culpable tras lo que le hizo a la mítica cota este año, para el que viene ha querido refrendar la ofensa subiéndola dos veces.
Aun así, otra vez tocará esperar.
Foto | Le Tour


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