Quizá muchos de vosotros no os acordéis, aunque la mayoría sí (o soy demasiado viejo). En cualquier caso, antes los rombos en la televisión marcaban quien podía y, sobre todo, quien no podía ver el programa en cuestión. Un rombo, se podía ver; dos, si tenías menos de 18 años, significaba enfilar el camino de la cama.
Algo parecido le sucede al ciclismo en Alemania. Los reiterados casos de dopaje han hecho que las cadenas televisivas se autocensuren como si el Tour de Francia o el Giro más que de dos, fuera un programa de tres rombos. Así, cuando pensábamos qué el dopaje en el mundo del ciclismo era un mal que sólo afectaba a equipos y ciclistas, nos equivocábamos. Es más, en Alemania el dopaje afecta directamente a los aficionados que se quedarán sin poder ver la próxima edición del Tour.
La cadena ARD, que durante el pasado mes de julio ya decidió, junto al canal ZDF suspender las transmisiones del Tour de Francia hasta esclarecer el que entonces fue el último caso de dopaje que protagonizó Patrik Sinkewitz, ha dicho basta y se niega a volver a emitir la ronda gala.
Los motivos alegados por su presidente son varios, pero sobre todo el carácter público de su cadena y considera que el dinero de todos los alemanes no debe ir destinado al ciclismo. Probablemente les dará menos quebraderos de cabeza y sobre todo les planteará menos diatribas morales emitir un Gran Hermano.
El primer gran problema es caer en el error de la generalización. La decisión del canal alemán es un castigo no sólo a los ciclistas que utilizan sustancias ilegales, es un castigo a todos y cada uno de los ciclistas. Desde los aficionados que ansían la llegada del verano para ver las tres grandes, hasta los profesionales más limpios y honrados del pelotón.
La segunda consecuencia que puede tener una actuación como esta, quizá más dañina que la primera, es la imitación. Si todas y cada una de las cadenas de televisión que emiten las grandes rondas deciden anular su emisión y ahorrarse esos recursos económicos, el ciclismo acabará muriendo. Sin televisión muchos deportes son inviables. El ciclismo, al menos las grandes rondas, es uno de ellos. Que no cunda el ejemplo.
Vía | VayaTele


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