Un bombero llamado Johan Cruyff

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Johan CruyffCada día está más claro que el gran aval de Pep Guardiola para llegar al banquillo del Barça ha sido Johan Cruyff. Y lo defenderá a capa y espada. Más allá de su ascenso con el B, más allá de su calidad humana, de sus conocimientos técnicos o de su discurso claro, fluido y con tintes del fútbol de antaño, el principal apoyo del gran Pep ha sido la cabeza pensante del Dream Team. La mano que mece la cuna en el barcelonismo. Los argumentos que ratifican la impresión están en la edición de este lunes de El Periódico. Es la palabra de dios. Es el apagafuegos oficial.

No se puede ser más ventajista, más partidario y no se puede, por mucho que él lo haga, descargar de responsabilidades matemáticas al Barcelona cuando, tras dos partidos de liga ante dos equipos llamados –sin ánimo de menosprecio- uno a luchar por la permanencia (Numancia) y otro por asentarse en la zona tranquila (Racing), sólo se ha sumado un punto.

Dice Cruyff que el Barça pinta “muy, pero que muy bien”. Bueno, si se tiene en cuenta que el Numancia te tumbó y que el Racing, haciendo lo justo, lo rozó, yo no diría exactamente eso. El Barça, por si Cruyff no se acuerda, está llamado a ganar la Liga. Y la Liga se gana (o, en su caso, se pierde), como él muy bien recordará, ante los pequeños. Los seis puntos ante el Real Madrid, siendo importantes, no siempre son determinantes.

Excusa a Guardiola, a quien él mismo señaló como sucesor de Rijkaard (criterio que, a la chita callando, aceptó Laporta), hasta la indecencia. Cierto que Guardiola no tiene la culpa, pero avalar rotaciones en la segunda jornada de Liga, cuando has comenzado haciéndo el ridículo en Soria, cuando el debe de la temporada pasada aún escuece y cuando te estrenas en casa tras el fiasco de la Copa Catalunya, no es aceptable. Quizá el Camp Nou se hubiera quedado más tranquilo si las caras nuevas hubieran aparecido en la segunda parte y no de inicio. La idea puede ser buena; la ejecución deja que desear.

Sea como fuere, lo cierto es que Cruyff trata de insuflar ánimos a una afición, la culé, demasiado acostumbrada a recibir bofetones. La oda de este lunes dedicada a Guardiola también puede tener una interpretación más malévola. Amigo, como es, de Laporta, quizá haya comenzado a ver los primeros síntomas de inquietud en la directiva catalana. Esa si que sería una mala noticia.

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