Que un chaval de 16 años te salve a las primeras de cambio en la competición europea dice mucho de un equipo fiel a una forma de entender el fútbol. La final de la Copa del Rey fue la primera exhibición de un Athletic que, erre que erre, sigue pensando que con jugadores de la tierra es suficiente para hacer frente (al menos para intentarlo) a las superproducciones futoblísticas. Quizá el premio final esté reservado a esos pocos, pero las formas de los primeros siempre serán mucho más dignas de elogio.
Dejando a un lado el debate de la mercantilización del fútbol, o del ‘doping financiero’ del que habla, y con mucha razón, Arsene Wenger, lo hecho por el Athetic, personalizado en Muniain, es otra gesta que añadir al currículo bilbaíno.
Más allá de la superioridad, teórica, del Athletic, los de Caparrós consiguieron, por primera vez dar la vuelta a una eliminatoria continental en campo ajeno. Y lo hicieron tirando de la casa, de Muniain, un chaval de 16 años al que se le dio la confianza suficiente como para demostrar que el fútbol no entiende de edad, de fichas o de traspasos multimillonarios.
Quizá en Madrid, en Barcelona o en Valencia consideren que el Athletic no ha hecho sino lo que debía. Que lo intenten ellos con su cantera a ver qué pasa. Más de uno se quedaría en el camino.
Foto | As



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