Los Juegos Paralímpicos enfilan su recta final y España continúa en su particular carrera hacia los 70 metales. El reto se antoja, con el paso de las jornadas, complicado, pero la ambición de los representantes nacionales no tiene límites. Si hablar de esta cita es hablar de espíritu de superación, la actuación de los españoles merece todos los elogios. Decir que en la séptima jornada se han conseguido tres medallas puede transmitir una idea equivocada pero, ¿es un premio menor? Nunca en el caso de los paralímpicos.
Un elogio que, personalizado en uno de los protagonistas de día, el ciclista Javier Ochoa, se multiplica hasta el infinito. Cuando nos acordamos de la particular historia del ex ciclista profesional, nos estremecemos. Su vida quedó marcada para siempre tras el tremendo accidente que acabó con la vida de su hermano y que a él le dejó secuelas cerebrales.
Lejos de dejarse llevar, algo que cualquiera hubiéramos hecho, Ochoa se recuperó y sólo tres años después, en la cita olímpica de Atenas, sumó el oro en la prueba de contrarreloj en carretera. Desde entonces su nombre ha vuelto a estar ligado a la élite del ciclismo nacional.
Tras revalidar en la cita china su oro en la prueba contra el reloj, apostó por la carrera en línea y salió cara. No pudo hacerse con el oro, pero no tuvo problemas para colgarse una plata con sabor a oro. Fue la primera gran alegría de una jornada en la que Ignacio Ávila, deportista con deficiencia visual, se hizo con el bronce en la carrera de 1.500 metros en el Nido de pájaro. El tercer metal fue para Esther Morales que rompió todas las quinielas para acabar tercera en la prueba de 100 metros espalda. Otro ejemplo de superación.
Foto | El Imparcial



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