US Open de tenis 2010: Federer vs Djokovic

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Federer durante el transcurso de un partido de tenis

El US Open de tenis 2010 exhibirá una semifinal llena de glamour, como no podía ser de otra manera. El serbio Djokovic no se despeinó demasiado ante Monfils y ganó 7-6, 6-1 y 6-2 mientras que Roger Federer se deshizo sin ningún problema de Soderling por 6-4, 6-4 y 7-5.

La segunda semifinal se conocerá hoy tras los partidos entre Nadal-Verdasco y Youzhny-Wawrinka. Todo apunta a una posible final entre los dos mejores tenistas del mundo.

El francés Gael Monfils sería la pieza perfecta que falta entre los cinco primeros tenistas del mundo. Un tenista joven, fresco y con un gran toque de atrevimiento sobre la pista que pueda hacer saltar la banca en cualquier momento. La pena es que Monfils posee tenis de sobra para ello pero le faltan años luz de estabilidad emocional. Capaz de lo mejor, capaz de lo peor. El galo jugó el partido más importante de la temporada sin un ápice de osadía y acabó tirando el partido, literalmente, cuando cedió la primera manga en la muerte súbita. Ni Djokovic ni nadie esperaba una eliminatoria tan facilona en un Grand Slam de estas dimensiones.

Monfils inició el partido con un break a favor en el tercer juego y ante un serbio que parecía no tener el cuerpo para faenas largas. El incómodo e inoportuno viento que sopló en la pista complicó mucho las cosas a un jugador acostumbrado a ‘romper’ la bola sobre el fondo de la pista. Monfils se vio con posibilidades y a las primeras de cambio se puso por delante del marcador. Cuando todo parecía a su favor para arrear el primer golpe, Djokovic despertó y recuperó el servicio entregado para igualar el resultado y marcharse al tie-break. Allí Djokovic no dio oportunidad a su rival y con un claro 7-2 se apuntó la primera manga en la muerte súbita.

Monfils aguantó en la pista pero se marchó del partido. Resulta indigno comprobar como un deportista profesional puede vender tan barata su derrota. La desgana del francés, incluso sonriente en algún punto, provocó que Djokovic firmara un 6-1 en el segund set casi sin despeinarse. El serbio rompió el servicio nada más iniciarse esta manga y Monfils tan sólo se anotó un juego, tras rotura de saque, en un set donde supuestamente el tenista está obligado a darlo todo para no ponerse dos a cero por debajo. Así es Monfils, capaz de lo mejor y capaz de lo peor. Si su tenis fue nulo en la jornada de ayer, su actitud fue todavía peor.

Se pueden imaginar la ‘emoción’ que tuvo el tercer set, que lógicamente también se apuntó Djokovic por 6-2 para cerrar el partido con cara de “¿para esto he venido?”. Un partido sin historia que cualquier otro tenista hubiera disputado hasta el final. Un Grand Slam no es ningún torneo benjamín pero con jugadores como Monfils lo parece.

Frío contra frío

Soderling es ese jugador al que todos quieren ganar. Aunque la frase parezca de Perogrullo, no lo es. El sueco se ha ganado el odio (deportivo) eterno de los mejores tenistas del mundo. Si primero fue Rafa Nadal el que quedó apeado de Roland Garros a manos de Soderling, Roger Federer también fue víctima en idénticas circunstancias. Y tratándose de Roland Garros, el rencor crece exponencialmente.

El pentacampeón del US Open tuvo problemas en los inicios del partido, con bolas de break que Soderling no supo transformar para poner tierra de por medio. El instinto de Federer sabe interpretar las señales de su rival y el suizo sí que aprovechó la única bola de rotura que tuvo a su disposición. Si perdonas, estás muerto. Los dos tenistas se midieron desde el fondo de la pista y cada uno esperaba el error del otro. En cemento los dos tenistas son muy fiables y hay escaso margen para la equivocación. 6-4 para Federer con un Soderling que todavía quería dar batalla, consciente de que quedaba partido por delante.

Las hostilidades se rompieron en la segunda manga con un carrusel de breaks que benefició al heredero de la corona. Soderling logró el casi imposible: romper el servicio de Federer, pero el vértigo se apoderó de su raqueta y la muñeca tembló para devolver el servicio a su rival. Y de nuevo el instinto de Federer logró el segundo set por idéntico resultado, 6-4. Aunque esta vez la pérdida de la manga sí escoció en Soderling, que supo que el partido se ponía imposible por culpa, además, de sus propios errores.

Soderling exhibe mucho más que un tenis poderoso desde el fondo de la pista. Su aspecto, su perilla o qué se yo impone respeto. Su mirada está congelada y desprende la sensación de despertar en cualquier momento. Así ocurrió en el que sería el definitivo set. Soderling caminó con fuerza y sin nada que perder a un 5-3 que con su servicio se tendría que convertir en su primer set a favor.

No fue así por culpa de un Federer que se levantó de la banqueta como con ganas de terminar todo por la vía rápida, sin esperar a más mangas. El suizo se enchufó de nuevo al partido y dejó clavado a Soderling en cinco juegos para anotarse el último set. Soderling, con cara amarga, abandonó la pista y el último Grand Slam de la temporada. Tal vez así devolvía Federer la jugada parisina a su rival, haciéndole creer que tenía opciones. ¡Qué bonito es el tenis, señor!

Imagen swampa

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