
Usain Bolt ha escrito su nombre en letras de oro en el Nido de Pekín y en la historia olímpica. Tras conseguir el oro olímpico en los 100 metros de manera insultante y pulverizar el récord mundial en el héctometro, Bolt se ha hecho también con la victoria en los 200 metros y el récord mundial, y ¡qué victoria!. En menos de una semana, el jamaicano ha brindado al mundo dos exhibiciones que quedaran por siempre en el recuerdo olímpico.
19,30 segundos y doce años desde el intocable récord del mundo de Michael Johnson, han sido suficientes para que la zancada imponente de un jamaicano de 21 años empeñado en reírse de la velocidad y los récords de los que esta hacía gala, hiciera público ante el mundo del deporte que el nuevo “hombre bala” ya tiene nombre y apellido: Usain Bolt.
Una carrera que ha conseguido ponernos los pelos de punta. Si en los 100 metros, Bolt entró a la meta disfrutando del momento y dejandose llevar por el sabor de la victoria, esta vez sí que se ha empleado a fondo en todos y cada uno de los pasos que lo han llevado desde el pistoletazo de salida hasta la meta. Su mirada era el fiel reflejo de que no tan sólo buscaba la victoria, que a 60 metros del final ya tenía más que asegurada, sino que quería entrar por la puerta grande en el Olimpo de los Dioses y batir uno de los pocos récords mundiales que permanecían inmoviles desde hace años.
Bolt se ha encargado de destrozar la hegemonía estadounidense en la velocidad mundial y con esta victoria emula el doblete conseguido por Carl Lewis en Los Angeles ‘84. Ya lo decía Michael Johnson “”Pronto diré adiós a mi récord”, unas horas antes de la final del 200 metros. Y no se equivocaba. El reinado de Bolt ha comenzado en Pekín, veremos a ver hasta cuando es capaz de extender su reinado. Con 21 años, me temo que por mucho tiempo. Desde hoy, Usain Bolt comienza su particular lucha contra el crono y los limites de la capacidad humana. Mucha suerte, querido Usain.


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