
A las 5:30 de esta noche de domingo, se abre en Australia el Mundial de Fórmula 1 2008 con todos los ingredientes que podríamos desear. Por lo tanto, la respuesta a la pregunta del titular para mí es rotunda: Merece la pena. No sólo por ese dicho que nos ayuda a autoconvencernos cuando se nos pegan las sábanas, ese “a quien madruga, Dios le ayuda”; también porque estoy seguro que la prueba inicial de este Mundial de Fórmula 1 va a ser de escándalo.
Ya hemos disfrutado de unas magníficas tandas de clasificación donde no se ha echado de menos nada. Quizás que nuestro representante, el español Fernando Alonso, hubiera tenido una oportunidad de luchar por ser el poleman en la Q3. La avería del vigente campeón, Kimi Raikkonen, el buen sabor de boca que deja BMW en este inicio de campeonato con un Kubica sublime, la primera pole del año para Lewis Hamilton, el fiasco de Nelsinho Piquet... Son demasiados ingredientes como para perderse detalle de lo que se cuece en el circuito australiano.
La decisión de prescindir en los monoplazas del control de tracción ha sido totalmente acertada. Tiene toda la pinta que la carrera no será previsible, como quizás lo era en temporadas anteriores tras concluir las primeras vueltas. Los Grandes Premios pasarán de ser un desfile de vehículos millonarios a una verdadera prueba de competición y espectáculo. Al menos eso espero.
Así que esta noche váyanse pronto a la cama, dejen preparada una cafetera y pónganse la alarma sobre las 5:20; despójense de las lagañas y siéntense delante del sofá para disfrutar de lo que puede ser una emocionante y atractiva carrera. Es la impresión que me ha dejado lo que ha acontecido en el primer fin de semana de este Mundial que arranca ya.
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