
Ayer volví de Montmeló, dispuesto a intentar responderme a la siguiente pregunta: ¿cómo es posible que de cada 10 camisetas/gorras que veía por Montmeló, 8 fueran de Valentino Rossi? Vale, Dani Pedrosa arrasó, y lo que más se comentaba era “menudo carrerón de Dani”, “qué bueno que es”, bla, bla, bla. Pero pese a todo, las camisetas y las gorras de los que hacían esos comentarios, eran amarillas.
Y bueno, la respuesta está en la misma historia de siempre: si Dani es capaz de salir delante y rodar sólo, es complicado que lo atrapen, y parece que sea invencible, pero como en la salida se vea en medio de un grupito, o tenga un Valentino de turno que no permita bajo ningún concepto que se escape, ya ha bebido aceite. Sinceramente, de las 6 victorias de Dani Pedrosa en MotoGP, no soy capaz de recordar ninguna emocionante.
Dani gana las carreras a lo Wayne Rayne: escapándose desde la misma salida y haciendo de la victoria un crimen contra el espectáculo. Repasando un poco las estadísticas, la victoria más apretada de Dani en la máxima categoría la consiguió con un margen controladísimo de 1,5 segundos en China 2006. El resto de victorias rara vez bajan de los 3 segundos de margen, con el extremo de los 13 segundos que endosó a todos en Alemania 2007. Muy bueno, pero aburrido.
A mí me gustan los pilotos que escriben sus victorias con la tinta de la épica, que son capaces de remontar cuando todo parece perdido, que pasan y repasan a sus rivales en cerradas luchas por la victoria. Dani pasó por meta el 5º en la primera vuelta en China 2006. Esa es su máxima remontada hacia la victoria final.
Ayer, nuevamente, el espectáculo lo puso Valentino Rossi, que vaya como vaya la moto, siempre pone la magia en las carreras, y por eso la gente lleva su camiseta y su gorra. Y de hecho, por eso yo fui ayer a Montmeló con mi camiseta amarilla del 46.


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