
Su abuelo disfrutó en El Metropolitano, y con el paso de los años, el pequeño Torres dejó huella en el Vicente Calderón para, más tarde, abandonar las franjas blancas y convertirse en el protagonista de una de las canciones de los hooligans reds en el país que vio nacer al balompié. Ni Pablo Neruda pudo escribir una oda futbolística más bella que la que se vivió anoche en Anfield Road.
Y allí, rodeado de otros emblemas españoles que siguen triunfando en las islas británicas, tocó con la yema de los dedos el cielo. Fernando Torres, el Niño o “The Kid”, se ha sacudido las dudas con las que cargó durante su etapa en el conjunto rojiblanco de la capital española para triunfar lejos de nuestro fútbol de manera formidable. De oro son sus goles, como si del Rey Midas se tratase.
Europa ya toma nota de este madrileño de armas tomar al que le han colocado el broche de oro sobre el tapete del mítico Anfield. Pareja de baile del gran capitán red, Steven Gerrard, Torres está demostrando esta temporada que ya tiene pelos en el pecho, haciendo gala de su dorsal anotando tantos como el de anoche ante el Arsenal.
El Gran (con mayúscula) Matías Prats abría un pequeño debate durante la retransmisión del encuentro en Antena 3: ¿puede ser Fernando Torres candidato a la Bota de Oro? ¿Quizás el Balón? Por falta de méritos no será, y sus goles le avalan. Otro Grande (también con mayúscula), como es Rafa Benítez, catador de talentos por excelencia, apostó por un 9 grisáceo para devolverle su color, su ilusión. La apuesta le ha salido bien, el Liverpool vuelve a colarse en la semifinales y Torres sigue cubriéndose de galones. Y sólo 180 minutos separan al Niño de la final de Champions.
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